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Cambiar las vidas de nuestros niños a través de la música

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Cambiar las vidas de nuestros niños a través de la música

 

Las definiciones del nuevo gobierno sobre la necesidad que tenemos como país de poner a nuestros niños y jóvenes primero, además del impacto que causó el reciente fallecimiento de José Antonio Abreu, fundador del exitoso Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, nos presentan una oportunidad para reflexionar.

El programa creado en 1975 por Abreu es mucho más que una agrupación de coros y orquestas de jóvenes: es un modelo y una escuela de vida cuyo corazón está puesto en la capacidad de transformar la vida de cientos de niños de escasos recursos, mediante la práctica de la música. Este programa ha ido tomando progresiva fuerza en muchos países latinoamericanos, europeos y estados norteamericanos.

La actual crisis del Sename, la precaria situación de los centros de privación de libertad de adolescentes, además del crudo día a día de los barrios en donde prima la ley del narcotráfico, son algunas de las realidades que a muchos nos abruman, pero que también nos exigen reflexionar sobre los espacios que tenemos para generar más oportunidades. En este sentido, la pertenencia a una agrupación musical tiene el potencial en la vida de una persona, y en el desarrollo de un país, no solo por su aporte indiscutido en el ámbito musical, sino también por su impacto social. En Chile aún no hemos abrazado esta mirada con la convicción y fuerza que merece: que la música es una vía para el mejoramiento intelectual, personal y social, ya que despierta la sensibilidad, aumenta la autoestima, enseña a trabajar en equipo y cultiva valores éticos que permiten un desarrollo integral del ser humano.

En nuestro país es innegable el aporte que han hecho ciertas personas, como el maestro Fernando Rosas, quien creó en 2001 la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI). Sin duda, esta gran iniciativa ha ayudado a romper barreras sociales y ha permitido que muchos niños y jóvenes que no cuentan con los recursos necesarios puedan ser parte de una orquesta de calidad.

Sin embargo, aún quedan cosas por mejorar. Es necesario que la FOJI, y su quehacer, vuelva a tener un alma robusta y brille con la fuerza que merece, siendo un modelo que posicione a la música como una vía para el mejoramiento social; que logre construir una sociedad en la cual el arte no sea solamente una dimensión estética de vida, sino también un instrumento fundamental en el desarrollo de nuestras generaciones presentes y futuras.

En Chile debemos aspirar a desarrollar nuestro gran sistema de inclusión e integración de los niños de menores recursos y escasas oportunidades de vida a través de la música, proyectando un sistema nacional de orquestas y coros juveniles a lo largo del país, que sea el motor que les devuelva su dignidad y que constituya el orgullo de sus pares, familias y comunidades.

Así avanzaremos de manera real en el deseo de muchos: que el arte deje de ser un monopolio de las élites, para estar al servicio de la sociedad entera. Como el maestro Abreu dijo, “la música es para las grandes mayorías y no para las minorías”. Así, nuestro desafío es seguir trabajando, de manera concreta y objetiva, en darle sentido a la frase tan usada de “democratizar la cultura”.

 

Francisca Florenzano, Directora Ejecutiva de Fundación CorpArtes

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