Si bien en la historia de la música clásica los grandes referentes tienen nombre masculino, hubo mujeres que demostraron talento y pasión para componer. Aquí te compartimos las historias de cuatro de ellas.

 

Hildegard von Bingen

Hildegard von Bingen es una de las grandes heroínas de la historia, cuyo legado iniciaría la expresión feminista más prematura. A pesar de ser monja y virgen, desgarró la censura y la opresión sexual a la que estaban sometidas las mujeres.

Nació cerca del año 1.100, en pleno Sacro Imperio Romano Germánico, siendo la décima hija de una familia acomodada. A temprana edad fue enviada a una abadía, ya que la mentalidad medieval de entonces estipulaba que el menor de los hijos debía entregarse a la actividad religiosa a modo de tributo.

Se dice que Hildegard tuvo visiones desde los cinco años, las que siempre atribuyó como divinas. Con el tiempo, esas alucinaciones se convirtieron en sus numerosas piezas corales en latín, incluido su libro “Scivias”, obra que realizó a los 42 años como gracia divina, en una epifanía que le señaló que debía escribir todo lo que sus ojos y oídos percibieran.

Mística, poeta, filósofa, naturalista, médico, sexóloga y consejera política. Hildegard von Bingen era una mujer especial, quien también tenía talento para componer. Ella es autora de un extenso repertorio musical, del que se conservan 70 obras con letra y música, himnos, antífonas y responsorios, compilados en Symphonia armoniae celestium revelationum (Sinfonía de la armonía de revelaciones divinas).

La combinación de poesía sagrada y música regional hizo de Hildegard von Bingen alguien única. Introdujo una forma nueva de cantar la misa, diferenciándose del canto gregoriano por sonar más moderna. Las melodías eran más improvisadas y libres que el canto de octava de sus contemporáneos, y se dice que su falta de conocimientos gramaticales permitía que sus palabras en latín fluyeran como una pura corriente de consciencia.

Las canciones se basaban sólidamente en un tono fundamental fuerte y una quinta pesada. A esto se le sumó el permiso para que las monjas interpretaran la música, algo extremadamente raro. A partir de entonces, pudieron vestirse con vestidos ostentosos y flores en el pelo, pudiendo también abrir la boca en la misa. Era una obra de arte.

 

Clara Schumann

Apellido inconfundible que remite al músico y compositor alemán Robert Schumann. Clara fue su esposa e igualmente talentosa. De hecho, tenía gran fama como pianista y profesora, considerada una maestra del Romanticismo, aunque sin el reconocimiento adecuado.

A los nueve años ya recorría e impresionaba al mundo tocando frente a la gente. Una mera actuación y una interpretación de escenario: Clara tenía las notas en su cabeza, no estaba atada a ellas, y cuando tocaba era realmente libre. Tocaba para sí misma.

El estilo compositivo de la niña prodigio Clara Wieck fue aventurero desde sus inicios. Componía con libertad rítmica, cambios repentinos de tonalidad y se adelantaba al sonido imperante en la época Romántica que comenzaba a aflorar a su alrededor.

Un ejemplo es el Concierto para piano que comenzó a escribir a los trece años. Una obra dramática e innovadora en la que el virtuosismo y el pensamiento musical independiente de Clara encontraron su expresión. Para ella, esta pieza era una simple manera de demostrar sus habilidades, pero al mismo tiempo, una forma de estructurar una obra magnífica con ciertas pautas, perfectas para su propio sentido de la improvisación.

A los ocho años conoció al joven Robert Schumann, quien llegó a su casa como aprendiz de su padre. A los 18 años, Clara recibió la propuesta de matrimonio de Robert, a la que su padre se opuso fervientemente por la diferencia de edad. Lograron casarse cuando ella cumplió 21 años, formando uno de los matrimonios más estables y provechosos de la historia de la música. Tuvieron ocho hijos y Clara siguió tocando y componiendo mientras los criaba.

La pareja ayudó a impulsar la carrera de un joven protegido y amigo, llamado Johannes Brahms. Muchos de los trabajos de Robert y de Brahms fueron interpretados por primera vez en público por Clara, quien se convirtió en una gran promotora de la composición de su marido.

Pasados sus 30 años, Clara quedó viuda y dejó de componer, aunque no de tocar, saliendo de gira por Europa y Estados Unidos. En total, su obra registra 23 trabajos publicados, en su mayoría solos de piano y música de cámara.

En 1878, Clara Schumann se convirtió en la primera profesora de piano del Conservatorio Hoch en Frankfurt. Bajo su tutela, un gran número de alumnos lograron convertirse en músicos destacados, recibiendo incluso a quienes venían de otros países siguiendo la reputación de Clara.

 

Fanny Mendelssohn

El 8 de marzo de 2019, la música tuvo una celebración significativa. En el Día Internacional de la Mujer, la Royal College of Music de Londres interpretó la pieza Eastern Sonata, composición que por 140 años se atribuyó a Felix Mendelssohn, pero en realidad fue escrita por Fanny, su hermana.

El padre de Fanny Mendelssohn –un importante banquero– siempre consideró que la música y la vida pública no eran asuntos de señoritas. A pesar de que durante su adolescencia Fanny había memorizado e interpretaba las fugas y preludios de Bach, su padre insistía en mostrarle otro camino: casarse y ser dueña de casa.

Fanny mostraba un enorme talento musical, pero su hermano Felix también componía. La historia es caprichosa según el punto de vista. Felix Mendelssohn pasaría a la historia como uno de los grandes referentes de la música clásica, mientras su virtuosa hermana ni siquiera quedaba al margen.

Los obstáculos reinaron y el deseo de su padre se hizo realidad: Fanny se casó con el artista Wilhelm Hensel. Sin embargo, pese a la oposición de su familia, ella se entregó a la composición.

En un comienzo, Felix consideraba que no era posible que Fanny se dedicara a la música, pero luego cambió de parecer y le entregó su apoyo. Sin duda, gran gesto.

Creadora de más de 400 piezas, muchas de ellas no se le atribuyeron por ser mujer. Algunas de sus canciones se publicaron bajo el nombre de su hermano y solamente tuvo una única presentación pública frente al piano, ocasión en la que interpretó obras de Felix.

Finalmente, en 1846 publicó una colección que incluía todas sus composiciones originales.

 

Barbara Strozzi

De entrada, podemos asombrarnos con Barbara Strozzi al decir que publicó más cantatas que cualquier otro compositor del siglo XVII. Y eso no es menor.

Nacida en Venecia el año 1619, Barbara es sin lugar a duda una de las figuras más interesantes del Barroco italiano, siendo una compositora de renombre, reconocida en su propia época en el mundo musical, terreno de absoluta hegemonía masculina.

Guiada por su propia ambición, logró brillar con luz propia gracias a que supo canalizar perfectamente en sus obras su sensibilidad y expresividad emocional. A eso hay que sumarle su intensa creatividad, la que hizo posible crear ocho libros de música, un registro que la ubica como una de las compositoras más prolíficas del momento.

Entre 1644 y 1664, Bárbara publicó volúmenes con más de cien piezas, destacando las arias, las ariettas y –especialmente– las cantatas profanas, género que desarrolló y revolucionó de tal manera en Venecia, que hay quienes la identifican como una de las creadoras.

Resulta lógico preguntarse, por cuestión de contexto y época, cómo es que Barbara logró sobresalir en una escena cultural mayormente dominada por hombres. La respuesta tiene crédito compartido: su educación y el apoyo de Giulio Strozzi, su padrastro, al que algunos identifican como su padre biológico.

Giulio era un noble florentino, poeta y libretista de ópera, una de las figuras relevantes de la vida intelectual veneciana de aquella primera mitad del siglo XVII. Profesionalmente, colaboró con referentes musicales de la época, tales como Monteverdi, Francesco Cavalli, Francesco Manelli y Francesco Sacrati.

Él se preocupó de que Barbara tuviera la mejor formación musical a la que se podía aspirar en Venecia: estudiar canto con Cavalli, el mayor y mejor compositor de ópera del momento y uno de los responsables de su florecimiento como espectáculo de masas, fuera de los palacios.

Una vez que Barbara alcanzó un grado notable de interpretación vocal e instrumental, Giulio la incentivó a actuar en público, en las reuniones de la Accademia degli Unisoni –institución que él mismo formó– algo sumamente inusual en el siglo XVII.

El apoyo de su padre fue importante, pero Barbara Strozzi triunfó gracias a su grandioso talento y a la seguridad con la que dirigió su carrera, convirtiéndose en la gran dama de la cantata barroca.

 

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